Marcando el extremo sur de la isla, con la Punta Salema, supone una franja de terreno que queda delimitada hacia el oeste por el barranco del Rey, que desciende en su límite con Adeje, hasta dividir en dos la localidad de Playa de Las Américas. Por el contrario, su límite hacia el este con San Miguel supone una línea prácticamente recta, al igual que hacia el norte, que zigzaguea en torno a la cota de los 900 metros de altitud, en su frontera con Vilaflor.
Desprovisto de cumbres, aparece un espacio que desciende suavemente hacia el litoral, y donde se intercalan algunos relieves más destacados. En el litoral alternan los pequeños acantilados y una costa baja, tanto rocosa, como con playas de arena.
Aparecen en toda esta zona materiales geológicos, correspondientes a las distintas series volcánicas que han formado la isla.
Desde la serie Antigua al volcanismo reciente, sin que falten excelentes ejemplos de las coladas piroclásticas sálicas, esas amplias extensiones recubiertas de una roca de color claro, y que definen buena parte del paisaje del sur tinerfeño. Sobresalen algunos domos volcánicos, formados por lavas muy viscosas ricas en sílice, formados bajo la superficie y puestos al descubierto por la erosión, caso de los distintos roques que salpican el paisaje (Jama, Vento, Montaña Chijate, Malpaso,...) o construidos sobre la superficie, caso del domo extrusivo que es la Montaña de Guaza. Si bien la capital municipal se halla en las medianías, mayor importancia económica y poblacional tiene el Valle de San Lorenzo, con una actividad agrícola de exportación, y sobre todo el sector costero. Las urbanizaciones turísticas (Playa de Las Américas, Los Cristianos, Costa del Silencio - Ten-Bel,...) han transformado sustancialmente el área litoral, siendo asimismo el punto de embarque (Los Cristianos) para La Gomera.
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